30 de Marzo 2005

La puñetera hermana de la cocinera.

Mi hija ha salido hoy a comer solita. Cuando me pidió permiso ayer para ir con sus compañeras después de clase al Maccdonald y luego a ver "Miss Agente Especial 2" sentí un gran desconcierto. Y no sólo porque una descendiente mía tuviera esos horripilantes gustos gastronómicos y cinematográficos, sino porque en ese momento, de todo lo que había leído y oído sobre cómo educar a un niño, no conseguía recordar dónde se decía si diez años es edad suficiente para permitirle que fuera sola con sus amigas a pasar la tarde en la calle. De repente tenía delante una cara angelical con expresión de que nunca había roto un plato mientras me pedía permiso para ir y yo me sorprendí con las mismas cejas alzadas que me ponían a mí cuando la de la cara angelical era yo. Mientras intercambiábamos un bombardeo de preguntas y un contra ataque de pretextos, una especie de desgarro interior iba conquistando mi ánimo...
Mi niña, que en diez años lo ha hecho todo conmigo... Ella que ha sido un bebé de mundo. Que me ha acompañado de ciudad en ciudad en aviones, trenes-cama y coches de ocasión, (como si fuéramos Thelma y Louise.) Que durante estos diez años ha comido en magníficos restaurante y en ventas de carretera. Qúe ha dormido en los sofás de mis amigos y en camas de hoteles con encanto. Que me ha acompañado por playas , montañas y líneas de metros urbanos. Que hemos caminado por los mejores museos de algunas capitales y navegado en barco por los más señeros ríos. Que ha conocido la noche montada a hojarcadas sobre mi cintura: Puerto Portals en Mallorca, las calles de Granada, El Madrid de los Austria donde un mago hizo un juego de cartas para ella sola en una tasca de madrugada y ella le pilló el truco; en Santander donde un guardián de dos puertas no la dejaba entrar en el sitio de moda hasta que el dueño del local apareció detrás diciendo "esta señorita viene conmigo". Ella que se ha tomado algún refresco en un tablao de Barcelona, la noche que siguió a la tarde que se pasó saqueándome el bolso para darle dinero a todos los artistas callejeros que se iba encontrando por la Rambla. Ella que ha visto el amanecer en Oviedo y en París. La misma a la que colé en el backstage de un concierto de Junior Miguez, (su idolo), en el Palenque, donde se hizo una foto con él que guarda en su móvil y que la convirtió en la reina del recreo de su colegio, (eso y ser la única alumna que ha conseguido ver un episodio de South Park). Ella que se ha tomado un biberón de cereales sentada sobre el mostrador del Habanilla, en la Alameda de Sevilla. (Sólo los que conocen Sevilla pueden saber lo que eso significa).
Ahora, ya no le soy suficiente. Este es el principio del fin.
En esta melancolía estaba sumergida cuando de su discurso persuasivo distingo esta frase: "..si además no vamos a ir con niños mayores ni nada".
"¡Niños mayores!, me parece que tu estás dando más datos de los que quisieras. ¿Qué es eso de niños mayores?"
Mientras, los 28 añitos de memoria fresca de mi hermana menor se retorcían de risa con la escena sobre el sofá de mi madre. Le dice a su sobrina: "María, para estas cosas, los peores padres son los que han sido cocineros antes que fraile. Pero tú si que lo tienes chungo, porque tu madre no ha dejado nunca de ser cocinera".
"Tita, no me he enterado de nada". Dijo mi hija.
"Ni falta que hace, anda y vámonos a casa a hacer los deberes. Ya hablaremos, que me tenéis contenta las dos". Dije yo.

Escrito por La caminante a las 3:40 PM | Comentarios (13)

28 de Marzo 2005

El administrador de Dios.

Dios otorga la vida indiscriminadamente. Bush debe de considerar que sus criterios son más depurados que los del mismo Dios y decide quien merece morir y quien está obligado a vivir.

(Terri Schiavo, deseo con todas mis fuerzas que acabe ya tu sufrimiento)

Escrito por La caminante a las 9:41 PM | Comentarios (12)

Consejo de sabios.

Le dije a a mi hermana: "No sé que me está pasando" y ella contestó :"Nadie lo sabe nunca".
Le dije a David "No sé que me está pasando" y él dijo: "No pienses tanto".
Le dije a Macarena: "No sé que me está pasando" y su respuesta fué "La vida es corta"
Le dije a Pepa: "No sé que me está pasando" y ella exclamó: "¡Que bien!".

Ninguno hizo preguntas.

Escrito por La caminante a las 10:18 AM | Comentarios (15)

25 de Marzo 2005

Tradiciones españolas

Salgo de la cocina donde estoy preparando la cena. David trae en la mano el uniforme de Guardia Civil con el que tiene que acompañar horas más tarde al paso del Cristo de las Tres Caidas de la Hermandad de la Esperanza de Triana cuando salga de madrugada. Me enseña el tricornio de charol , el traje verde oliva y la cartuchera donde lleva su arma reglamentaria. La abre como para mostrar esa pistola y mi mente extravagante registra un flash visual donde la pistola se dispara fortuitamente y alcanza a mi gata que se pasea cansina por encima por el respaldo de mi sofá. Quizás ocurra también que mi porcentaje ancestral de hemoglobina calé desencadene un reflejo condicionado. Empiezo a decir muy alterada: "David, quita eso de mi vista, por tu mare..". Suena el móvil que está encima de la mesa y camino pegada de espalda a la pared gritando aún: "Quillooo, haz el favor de guardar eso". Mientras, David, absolutamente desconcertado me dice: "Mercedes, por Dios, que está descargada". Cojo el teléfono. La pantalla dice que es Macarena, que también viene a cenar. Descuelgo y vez de decir: "dime", o "sí", digo "Dios mio de mi alma..." muy sofocada. Macarena me pregunta qué me pasa. Le contesto que David me acaba de enseñar su pistola y ella responde: "Hija, ¿tan impresionante es?. El otro grita desde el pasillo: "Pues le he enseñado la puntita nada más".
Lorca, además de ser tan gran poeta era muy sensato. Él lo hubiera previsto. Esta amistad entre un Guardia Civil y una gitana tendría que tener algún punto de fricción.

Escrito por La caminante a las 10:55 PM | Comentarios (13)

23 de Marzo 2005

Presbicia

"Para enfocar de cerca, el ojo pone en marcha un mecanismo de "acomodación", mediante el cual y por la acción del músculo ciliar, se varía el espesor del cristalino (una lente biconvexa en el interior del ojo), aumentando la potencia del mismo. Esto hace que la imagen de un punto cercano se forme en la retina pudiendo verla con nitidez."

Se miraban de cerca, buscando en los ojos, analizando rasgos. Mientras, la ciudad cumplía sus ritos cíclicos y el cierre metálico de algún establecimiento ponía ese ruido de fondo, que se estaba haciendo tan habitual en sus últimas noches.
Él aleja su rostro de el de ella para verla más nitidamente. Ella saca del bolso sus gafas del cerca.

Escrito por La caminante a las 5:52 PM | Comentarios (10)

22 de Marzo 2005

Gata de tejado

A veces, la vida te señala otras bifurcaciones. Pero para mí no es tan fácil.
¿Qué puedo hacer con esta naturaleza de gata de tejado?

Escrito por La caminante a las 2:39 PM | Comentarios (14)

19 de Marzo 2005

SUR-REALISMO

J.P.R. me llama cerca de las doce del mediodía para ir a ver vírgenes por Triana y tomar algo, como habíamos hablado días atrás. Yo estaba én la cama viendo una película que me había bajado del Emule porque había decidido poco menos de una hora antes, que este fin de semana que mi hija está con su padre y la casa recién limpia y a las puertas de una semana de vacaciones en la que ya podría estudiar, que sería bueno dedicar estos dos días a "esponjar", a no hacer nada, a dejarme llevar.
Así, que a las dos menos cuarto de la tarde, estaba como una rosa en el bar que hay justo cuando acaba el Puente de Triana (nunca me acuerdo del nombre de los bares). Allí estaba J.P.R., compañero de profesión especializado en "corazón", persona pintoresca donde las haya, comentarista de radio y televisión, un puro disparate andando, mezcla entre don PinPon y Chanquete, que podría ser mucho más famoso de lo que ya es, fuera de Andalucía si fuera más convencional y menos apegado a la magia de lo cotidiano. (La misma directora de Tómbola, C.R, habló una vez conmigo sobre la posibilidad de que J.P.R. se incorporara al programa justo cuando este estaba en su mejor momento, pero él no quiso).Cuando llego, J.P.R. está hablando por móvil con H.L.M., otro afamado comentarista de la información rosa. Le oigo a J.P.R. que esta tarde A.R.Q. , reina de las audiencias de las mañanas televisivas, bautiza a sus mellizos en la iglesia de Santa Ana, aquí en Triana. Después de que J.P.R. se tomara su descafeinado (a las dos de la tarde) y yo mi primera cerveza, nos dirigimos a la capilla de la Esperanza de Triana, en la calle Pureza. Está cerrada.
Plazuela de Santa Ana, los dos primeros vino y una tapa de jamón para mí, cuando vamos a sentarnos en una mesa en la plaza, alguien me empuja en la puerta y una mancha de rioja cae sobre mi pecho derecho. Con un poco de sifón y un pañuelo de J.P.R. conseguimos rebajar el color burdeos de la mancha a un discreto rosa que me acompañará sobre mi camiseta beige, encima de una teta, todo el resto del día. Si tiro para abajo de la elegante camiseta con manga francesa que me regaló esta Navidad mi madre, esa círculo rosa con tintes púrpuras queda donde mis pechos, doblegados a las pesas y a la gimnasia, hacen curva hacia arriba, y la mancha apenas se vé, a menos que alguien me observe minuciosamente. De la Plazuela de Santa Ana, nos vamos al Altozano otra vez, porque quiero que J.P.R. pruebe la ensaladilla del "Dulcinea", (de este bar si me acuerdo del nombre). En la calle Pureza nos encontramos con M.B. trabajadora también de la prensa del corazón, (esta ciudad suministra mucho material a este género, como es sabido). Se vuelve a comentar los del bautizo, acontecimiento que a mí me trae al pairo pero que el destino me ha puesto hoy, entre bar y bar y compañero y compañero. (huelga decir que yo no me dedico a la información rosa). Llegamos al Dulcinea y J.P.R. prueba la ensaladilla y el bacalao frito y descubre en una esquina un matrimonio valenciano que están de turismo en Sevilla al que les acaba gritando "Viva Rita Barberá", y es sincero porque la fascinación de J.P.R. por la Barberá es conocida por todo los que lo tratamos. Seducidos los valencianos por la inclinación de J.P.R a su alcaldesa, entablan conversación con nosotros. También hablamos con el dueño del bar y le regalamos unos "Llamadores" o programas de mano de la Semana Santa de Sevilla que edita Canal Sur Radio con tal éxito que hay casi mercado negro. El día anterior, en la caja del supermercado DIA me coló una señora porque yo llevaba muchos menos artículos que ella. Le regalé un "Llamador" que llevaba en el bolso por ser tan amable y le hizo tanta ilusión que me sentí como si fuera Michael Landon en "Autopista hacia el cielo". Esta Sevilla....
También habíamos hablado antes con unas mujeres de Albacete que venían a ver jugar a su equipo contra el Betis. J.P.R. habla con todo aquello que se mueva,y si es de fuera de Sevilla más...
Luego, a la calle San Jacinto, a uno de eso bares de los que no me cuerdo el nombre. Allí, no se como, pero J.P.R. habla con un señor muy apuesto que según él es ganadero de Ronda y que conoce a nuestro compañero C.T.
Este señor nos quiere invitar a todo y creo que intenta ligar conmigo. Cuando nos vamos me pregunta: ¿Como estás: casada, separada, soltera, divorciada? y le contesto "Yo estoy bien". A J.P.R. le encanta mi respuesta y la festeja mientras nos comemos tres tocinos de cielo, una torrija y una pastel de hojaldre con cinco cafés entre dos, en el Horno se San Buenaventura de la calle Pagés del Corro. Llama Macarena a mi móvil y la dejo hablando con J.P.R. mientras voy al servicio. Cuando vuelvo, él está diciéndole: "vente , vente". Son las seis de la tarde y yo he quedado dentro de tres horas y media para cenar. Esto no es normal. Maca no puede venir, ni yo puedo esperar, pero aún así acabo yendo a la capilla de la Esperanza de Triana que ya está abierta y repleta de gente. Soy una agnóstica sentimental y miro con deleite y emoción a mi virgen de mi barrio, ya engalanada para salír el jueves de madrugada. Sé que mi David, mi mejor amigo hombre, la acompañará de Guardia Civil esa madrugada. El quiere que vaya a verlo, ya veré...
Luego, J.P.R. me lleva hacia las puertas de Santa Ana. Ya van a salir los invitados del bautizo de A.R.Q...
Yo me dejo llevar con mi mancha rosa sobre mi teta derecha.
Salen todos esos periodistas que conocemos de los programas y J.P.R los saluda mientras le tiro de la manga, y le digo "vámonos". M.P, por ejemplo, con su pelo rizado y su figura concisa o Ch.G.C., tan veterana, todas enganchadas al cuello de J.P.R. que es una gran relaciones públicas. Y en eso que estoy tirándole de la manga a J.P.R., cuando veo salir de la iglesia a C.H. y M.L.M. Me ven y me abrazan y me pregunta qué hago allí. Les digo que de paso de una sesión surrealista con J.P.R. y lo creen, por supuesto, pero me alegran la tarde con su cariño espontáneo. Me abrazan un poco más y se van para el banquete de A.R.Q. Yo ya no puedo más, he quedado dentro de una hora para cenar y hace menos de hora y media que he merendado, además estoy en medio de un maremagnum de fotógrafos, cámaras y famosos solo porque me coincide a dos esquinas de mi casa. J.P.R se despide de mí en medio de un paso de peatones con abrazo de oso. Tengo media hora para ponerme guapa para la cena, sin embargo la empleo para escribir esto.
Por lo menos debo cambiarme la camiseta manchada de vino, ¿No?

Escrito por La caminante a las 9:36 PM | Comentarios (8)

16 de Marzo 2005

Manipuladora

-"Va a sonar la campana"- Le murmuraba al compañero de pupitre, por debajo del estridente canturreo: "Cinco por cinco, veinticinco. Cinco por seis, treinta"...
Y justo cuando el me miraba intrigado ésta sonaba. Luego el estruendo de niños jubilosos que guardaban los estuches de lápices de colores en el pupitre y colgaban, casi al vuelo, el babi en el perchero lo culminaba todo y bájabamos como a presión por las escaleras hacia la calle sin escuchar, como siempre, las ultimas recomendaciones de la señorita María Dolores.
Entonces, había clases por la tarde. Conocí el concepto "sopor" antes que la palabra, sobre todo en el último trimestre, gobernado por el calor de las tardes del Sur.
Sucesivas tarde después yo seguía anunciando el momento exacto en que iba a sonar la campana y mi compañero advertía a los del alrededor que ya nos ibamos. "Tres por siete, veintiuna. Tres por ocho, veinticuatro".. -"Que dice que ya va sonar"- y siempre el repique en el patio justo en el momento y la posterior algarabia. Una tarde, después de trotar escalera abajo como potrillos, uno de los niños me preguntó -"¿Por qué sabes cuando va a tocar la campana"?.
No teníamos reloj. Era inútil, la mayoría no sabíamos leer las horas. Teniámos seis años. Otra niña contestó por mí antes de que me diera tiempo a organizar como explicarlo. -Es mágica-. En ese momento, por un circuito de ideas de mi cabeza, elegí la más traviesa. -Si, soy una maga- , dije justo cuando mi madre me cogía de la mano en la puerta para llevarme a casa y mi hermano empezaba a chincharme, dándome con la cartera en las piernas.
Ya estaba terminando el curso, faltaban pocos días, los suficentes para que a partir de media tarde, los niños me preguntaran una y otra vez: ¿Va a sonar la campana ya?, "Haz magia para que suene". "No, todavía no" contestaba yo, y nadie me discutía porque no querían saber hasta donde llegaba mi magia. Cuando sabía que ya iba a sonar decía muy solemne. "Ahora, ahora viene la magia" y el sonido confirmaba el pronóstico
En alquel tiempo, y por muchos años posteriores me aburría mucho en clase, pero aquel curso tuve la fortuna de que mi asiento estaba justo al lado de la ventana. Desde mi ventana solo se veía la fachada del edificio de enfrente y un trozo de cielo, porque aquel era un pequeño colegio urbano. De esa fachada sólo divisaba un balcón que me aprendí de memoria de tanto observarlo: los barrotes, los geranios, los visillos de encajes.. Y la sombra del balcón sobre la fachada. Un angulo oscuro que iba desplazándose y prolongándose lentamente a lo largo de la tarde hasta que su vértice alcanzaba un desconchado de la pared, momento que coincidía, casi siempre de forma puntual con el sonido metálico del fin de las clases. Aquel fue mi primer reloj.
El curso siguiente cambié de colegio.

Escrito por La caminante a las 9:59 PM | Comentarios (6)

12 de Marzo 2005

GENTE (un año y un día después)

El día que ha acabado hace horas era el primer aniversario del atentado en Madrid del 11 de marzo de 2004.
He cuestionado el foco mediático sobre el dolor y su resaca. Yo ya tengo consciencia de lo que pasó, conceptualmente sé qué ocurrió. Lo que yo quiero aún saber sobre eso no me lo responde una recreación del dolor.
Aún así, no he podido escapar a la capacidad impregnadora del concenso informativo. Y he acabado llorando, como hace un año..
Me duele, me duele, me duele la gente.
La gente es como mi familia, siempre está cerca. Da igual que sus rostros no sean los mismos, ellos están a tu alrededor. Esperas cola en la caja de un hipermercado y tu alrededor hay gente, montas en una autobús y está lleno de gente, vas a pagar un recibo al banco y el la surcusal hay gente, te dan cita en un ambulatorio y hay esperando más gente...
Y de repente matan gente absurda e indiscriminadamente y comprendes que no solo te agreden porque podrías haber sido tú, sino porque te han quitado parte de esa gente que te rodea.
A mi la gente me gusta. Disfruto de su diversidad, de su imprevisibilidad, de su omnipresencia.. Me gustas sonreirles y ver que agradecen mi sonrisa, me gusta disolverme entre ellos, observarles, dejarle mi asiento en un autobús, hablar del frío polar en el ascensor, ayudarles a subir su equipaje al tren, compartir confidencias sobre enfermedades en los ambulatorios, agradecer un buen servicio en los restaurantes, colar en los cajas de los supermercados a las que sólo llevan la leche para su niño, los que te preguntan dónde está una calle, los que te sostienen una puerta para que pases, los que simplemente pasan por una calle a tu lado y la llenan.
Y hace una año una parte de esa gente se desperazó a causa de un odio absurdo e ineficaz.
No quiero que ninguna cadena de televisión le ponga nombre y rostro a esa gente, no lo necesito, ni lo deseo, por eso mi salón está silencioso.
Amo y me duelo de esa gente sin saber su nombre. Se me pellizcan la tripas con contundencia y no requiero de sus identidades. Eran gente, como yo lo soy.

Escrito por La caminante a las 3:48 AM | Comentarios (3)

11 de Marzo 2005

Teoría del juego

Era una chica monísima. No consigo recordar su nombre. Sí rescato vivamente su imagen. Una mezcla entre tecno y postmoderna, de pantalones ajustados en una brevísimas caderas y hombreras desmesuradas que le daban el aspecto de un estilizado triángulo móvil. Coincidimos haciendo B.U.P en el nocturno del Instituto Bécquer. Me caía bien, era divertida. Siempre llegaba tarde, yo también.. En algunos bares de la Avenida López de Gomara, nos encontrábamos por casualidad cuando faltábamos a clase. Ella iba siempre con otro postmoderno gay, fan como ella de "Parálisis permanente" y de "Durán Durán". Yo era mucho más normal, o más hippy, que era más común en la Sevilla de los 80. No llevaba foulard, ni pendientes largos, ni faldas de bambula. Bastaba mi pelo largo rizado y mi cara sin maquillaje, mi falta de concesiones a las modas trepidantes y mi preferencia a escuchar mejor que a ser centro de atención cuando estaba en grupo, para que alguien me diagnosticara alguna vez: tu eres muy hippy. En aquel tiempo estaba fascinada por García Marquez, (ahora también, por el García Márquez de entonces), pero acababa de descubrir a Cortázar, y por eso cuando escuchaba a los modernos canturrear "quiero se un bote de Colón y salir anunciado en televisión.." me hacía muchísma gracia, porque estaba descubriendo que la mejor fuente de fantasía en la cotidianidad más básica. No tenía problemas con nadie y con la chica triágulo, (grandes hombros, estrechas cadera) menos. Me lo pasaba bien.
Pero un día esta chica tuvo una ocurrencia estúpida. Me llamó "Mierdeces" es vez de "Mercedes" que es mi nombre. Y yo cometí un equivocación: consentir. No la cometí la primera vez que me lo dijo, sino la tercera. Fue a partir de ahí. cuando estaba cosintiendo. Hay un vicio común entre los aspirantes a "graciosos",es que se reiteran. Alguien debería explicarles alguna vez, que las gracias pierden fuelle con el uso y que una gracia agotada es como tener que hacer el amor sin ganas, levanta el estómago.
Y después de la tercera vinieron algunas más y me sentí mal. Como me sentí mal busqué una solución y la primera que se me ocurrió, que era simplemente decírselo, comprendí que era absolutamente estéril. Pero el día que no pensé fue el que encontré la solución. Llegaba yo con mis libros al clase de Física y Química y me la cruzo en el vestíbulo. Me dice la chica triángulo: Hola Mierdeces... cuando mi sistema límbico se apodera de mi y me pongo delante de ella y le corto el paso. "Tienes dificultades" le dije mientra el corazón bailaba el casachot en mi pecho. Se queda un poco parada pero retoma su cinismo de semipunky y me contesta "¿Me estás amenazando, Mierdeces? e intenta continuar su camino sorteando mi cuerpo. Me vuelvo a interponer y le repito muy bajito pero muy seria "tienes dificultades". Era la segunda vez que le cortaba el paso y ya empezaban en el vestíbulo a mirar los alumnos que allí había. "¿Qué dificultades?", me contesta ella emigrando del mundo del cinismo al mundo de la chulería. "Con el lenguaje" le contesté yo con cara de loca, (lo reconozco). En ese momento ya se había hecho el silencio a nuestro alrededor. Aproveché los segundos que ella empleó en pensar como me superaría diciendo en un tono más alto, para que lo pudieran escuchar todos "Me llamo Mercedes, cualquiera puede pronunciar ese nombre perfectamente, menos tú. ¡Dime como me llamo!. Y ella dijo con una sonrisa sardónica: Mierdeces. Entonces dije lo suficientemente alto para que los que estaban allí atentos lo pudieran oir. "¿Lo ves?... No sabes hablar" y seguí mi camino con toda la escarcha de aquel invierno en el nerviosismo de mi manos mientras escuchaba el respaldo de las risas de los demás alumnos.
A partir de aquel día, la chica triángulo, que por otra parte no tenía más inconveniente que su desmesura en pretender que era ingeniosa, fue una de las compañeras mas cordiales y empáticas que he tenido pero la lectura de aquel incidente que tenía que haber hecho en ese momento no la he hecho hasta más tarde.
Por una lado, si ella me hubiera respondido lo que yo aparentaba exigir: que pronunciara mi nombre correctamente, yo no hubiera conseguido el triunfo de volver su ridiculización en contra, hubiera quedado sólo en un ataque de dignidad por mi parte sin mayor mérito. En eso se basa muchas de las artes marciales orientales , las grandes estrategias de la historia bélica, el comportamiento de los inversores en bolsa y el juego del ajedrez o las tres en rayas: en utilizar las intenciones del adversario a tu favor.
Ojalá tuviera ahora la intuición que yo tenía en los ochenta.
Pero hay otra cosa también importante y utilitaria:el rol que se adopta.
Muchos hemos oído hablar de la teoría del juego gracias al matemático John Nash, protagonista real del guión de "Una mente maravillosa". Pero él no fue el primero ni el último que ha elaborado una regla matemática para la eficacia del comportamiento. En sociobiología se habla de las "estrategias evolutivamente estables". En ellas se encuentran tres actitudes:
1-Los que luchan hasta morir." Los halcones"
2-Los que luchan para no morir. "Las palomas"
3-Los que luchan para vencer, pero no están dispuestos a morir (la muerte nunca es una victoria). "Los vengadores", nombre con poca precisión literaria y literal, por cierto.
La característica del vengador es que oscila entre el rol de halcón y paloma si supone que alguno de ellos le reportará el triunfo. Es decir escoge entre la agresión y la defensa siempre a su favor. Cuando se enfrentan paloma y paloma o vengador y paloma, la lucha es ritualizada y el resultado igualitario e incruento. Si se enfrenta una halcón y una paloma, el halcón vence pero la paloma consigue preservar su vida. Cuando se enfrentan dos halcones es posible que ambos mueran . Pero si un halcón se enfrenta a un vengador,
Nunca se sabe... Ahí está el misterio de la libertad.

Escrito por La caminante a las 1:06 AM | Comentarios (7)

6 de Marzo 2005

Una puta dentro.

Leo que el Consejo de Ministros ha aprobado más de medio centenar de medidas para promover la igualdad de la mujer. Leo por encima, y el persistente matiz proteccionista envuelve a estas medidas. Incentivos para la incorporación de la mujer a altos cargos empresariales, por ejemplo. Después de recorrer el largo camino de la preparación y la lucha cotidiana, constará que el gobierno te proteje o que tu empresa está "comprada" para promocionarte. Y no niego la buena voluntad, señalo la falta de perspectiva. Cuando los índices de éxito académico de las universitarias española desmienten toda desventaja intelectual de las mujeres respecto a los hombres, y eso no se ve reflejado en el mercado profesional es que alguien se equivoca y mucho. Disuadir al equivocado con "premios" es esquivocarse más aún. Si a las empresas se las estimula economicamente para reconocer la eficacia de una mujer, no reconocerlo del todo les va a resultar siempre rentable.
La cuestión es mucho más profunda y más urgente. Es la doble moral, la hipocresía social, la estulticia, las que hacen necesarias medidas para las mujeres de una país occidental como España. Se nos llena la boca de superioridad con respecto al mundo musulmán y su trato a la mujer, (que no aplaudo). Pensamos que el hecho de que la mujer española trabaje en la calle con desventaja, en la casa con dedicación, use su libertad sexual para ponerse en el punto de mira de cualquiera que quiera opinar y esté obligada a cumplir metas estéticas, biológicas y sentimentales con una exigencia casi patológica es fruto de la conquista de la igualdad que avala la progresía más ilusa. Y luego nos sentimos jueces incuestionables con un "quíteme de allá esos velos". Lo dicho, estulticia, y más estulticia.
En la televisión de la España del siglo XXI se le pregunta a cualquier starlette de ocasión, con ánimo inquisidor, si es cierto que se ha acostado con algún futbolista o varios. A los susodichos, el mismo hecho les honra, y se les calcula su virilidad por los diámetros de sus novia y sus amantes, como si de ganado se tratara. Y nadie dice nada. Las feministas beligerantes hicieron tanto el tonto con su indiscriminada guerra sin cuartel que arrojaron por el desague de la histeria muchos argumentos aún necesarios.
La mujer no es víctima del hombre. La mujer es víctima del hombre y de la mujer. Es víctima de esas mujeres que hacen uso de la unión conyugal como si de un plan de pensiones se tratara, y que se vuelven repentinamente tradicionales y desvalidas ante un juez de familia, reclamando custodias y pensiones alimenticias en nombre de su indefensión femenina. Somo víctimas de la falsa prepotencia de las "señoras de", que suscriben su igualdad en un mundo cómodo, pero que son suspicaces y murmuradoras con la libertad de acción de otras, que algunas de ellas ya quisieran para sí y sus cuerpos. Somos víctimas de las ambiciosas que ven embellecidos a los caballeros por su dinero o poder, o ambas cosas. De las pusilánimes que ven en los hombres apoyos, catapultas, refugios, dignidades, metas.. De las políticas oportunistas que hacen de la proverbial desventaja de su género una carrera. De las periodistas cotillas que señalan en otras que lo que ocultarían de sí mismas. De las conversadoras capciosas que te preguntan cuándo vas a tener un hijo o si no has rehecho aún tu vida. Somos víctimas de las presiones sociales, de las urgencias emocionales, de las dependencias sentimentales, de la ingenuidad idelógica, de la mediocridad cultural, de las exigencias estéticas, y del machismo: del machismo del hombre y del machismo de la mujer...
El sexo nos sigue ensuciando. Entre ser estrechas y fáciles solo hay una sílaba:"si". La mujer apenas ha conquistado nada. A la mujer se le han permitido más cosas, pero casi todas con trampa. Los discursos no dicen unas cosas y la cifras otras: las de las víctimas de la violencia doméstica, la de la falta de equiparación salarial, etc...
Ahora, además de la ironía humillante de la discriminación positiva, se añaden otras como la de los incentivos a los segregadores. En este mismo carro estamos, a saber: disminuidos físicos y psíquicos, minoría étnicas y mujeres. Y quisiera que no se me ofendieran y me entendieran los integrantes de los dos primeros grupos, sobre todo si tienen en cuenta que yo pertenezco al tercero e incluso a alguno de los otros dos, y que mi idignación la extiendo a sus situaciones también.
Mientras no queramos llamar las cosas por su nombre, mientras tengamos miedo a no ser políticamente correctos, daremos vueltas sobre el mismo eje y seremos carne de legisladores populistas.
De momento, cualquier mujer que de forma individual esté conquistando la independencia, (en la igualdad hace falta el consentimiento de los otros), su propia idependencia vital, tendrá alrededor alguien, hombre o mujer, que le sospeche una puta dentro.

Escrito por La caminante a las 1:51 AM | Comentarios (8)

4 de Marzo 2005

For ever young

No represento la edad que tengo. Lo sé. Me lo dicen. Y me alegro...
Es más, intuyo que eso tiene largo recorrido. Yo no podré con el tiempo, nadie puede, pero sí puedo aliarme con él. Eso creo.
Mi madre dice que es genético. Que su madre era igual que yo. No conocí a mi abuela materna porque murió prematuramente, antes de que mi madre se casara. No sé si llegó a los cincuenta.
Cuenta mi madre que todo el que iba llegando al velatorio, hacía notar que la esquela debía estar equivocada porque le habían puesto bastantes años de más. Lo que tuvo de más mi abuela fué guerras, postguerras, fascimos y miserias circunstanciales. No años. Los años, a mi parecer, los tuvo de menos.
La gente se enteró de su años de vida a causa de su muerte. Ni siquiera sabían que era cinco años mayor que mi abuelo. Mi madre lo cuenta con una sonrisa irónica, como si tener cinco años más que el hombre que amas y ocultarlo fuera una travesura. Y yo las entiendo. Entiendo a mi abuela con su cinismo estético y a mi madre con su risita cómplice y nostálgica. Pero sé que mi madre exagera en cuanto al paralelismo entre mi abuela materna y yo, por un dato que un día me proporcionó mi padre. "Cuando tu abuela llegó a Triana, era como tener de vecina a Barbara Stanwyck" dijo una noche de verano en la que tenía ganas de hablar. Esa comentario estival y una foto que tenía mi madre en el salón me hicieron entender después, cuando los años empezaron a pasar por mí con amabilidad, que mi madre exageraba. Que compartíamos quizás la indulgencia con la que nos trataba el tiempo, pero que lo de mi abuela era otra cosa... Lo de ella era pura belleza acompañada de una buena dosis de clase. Una "niña bien" de la sociedad de Pamplona a la que las mareas de la Guerra Civil Española llevó a la playa de una Triana de postguerra, resistente y vital, donde los gitanos no eran marginales, sinos supervivientes seculares de todo tipo de envites y que en horas flacas, eran fuertes. Así, de un descendiente de los judíos de Toledo, de una navarra de la que quizás heredé el rh negativo, y de la Triana mestiza, nací yo. Ese hilo de aparente juventud que mi madre establece entre mi abuela y yo lo agradezco pero lo cuestiono.
No le doy tanto poder a las células como al pensamiento. Ese sí que puede.
Dice un tal Shumann del que abundaré más adelante en otro post, que la frecuencia de onda de la tierra y la de la parte fundamental del cerebro de todo mamífero es la misma, (todo esto medido en hertzios). Eso me parece creíble. El concepto de "sintonía" está poco valorado e infrautilizado en nuestra cultura. Manejamos mandos a distancias,aparatos de radios, teléfonos móviles, y satélites, pero nos sorprende que nuestra mente pueda emitir y recibir ondas. Un aparatito de plástico entre nuestras manos sí puede protagonizar ese prodigio intangible pero una seríe de tejidos diseñado por miles y miles de años de evolución y selección.. ¡que va!: eso es pensamiento mágico...
Creo en la fuerza del pensamiento y de la voluntad. Lo que haya en mis celulas de mi abuela lo celebro y lo venero, pero no me olvido que yo soy yo, hija tambien de mis actos y mis pensamientos, porque todo determinismo lo considero bastante delicado, por no decir peligroso.
Y es esa, mi libertad, la de valorar el pasado, la de esperar el futuro, la de agradecer el presente, la que forja mi cuerpo y mi cara. Algo estará bien en mi mente cuando acompaña con tanto rendimiento a lo que mis celulas me favorecen. Algo me habrán transmitido todos esos supervivientes que me está cundiendo. Quizás su apuesta por la vida o por la verdad, quizás su persistencia o el desparpajo de su honestidad.
Y no tanto ADN...

Escrito por La caminante a las 12:38 AM | Comentarios (4)