6 de Septiembre 2009

PSICODELIA

Las personas felices estamos bajo sospecha. Pocos creen que podamos ser felices sin ayuda. También es verdad que los felices damos motivos algunas veces para creerlo, al menos yo.
Pero no todos somos yonkies.

GATO Y NIÑO
Me disponía a desayunar en la casa del campo de mi madre y mi sobrino de año y medio andurreaba por la cocina. Un gato romano de mi hermana, también.
El niño en su discurrir vacilante, tiene a bien y como divertido meterle el dedito en el ojo al gato. El gato considera que lo mejor es correr ingravidamente hacia el salón. La tía, que estaba a punto de desayunar, se arremanga el camisón y corre desde la cocina al salón detrás del gato y el niño. El gato se escapa bien, el niño se cae de boca y su tia que lo recoge antes de que se haya hecho nada, se descojona. Y luego se toma un café sólo sin azúcar.

BOCADILLO Y CONCIERTO.

Compro después de salir del dentista, dos bocadillos de los más cargados en Pans and Company para el concierto de Bruce Springteen al que vamos a ir las dos solas, mi hija y yo. Después de la aventura de entrar y encontrar nuestro sitio en ese estadio, una vez sentadas, le ofrezco a mi hija la bolsa de los bocadillos que toma de tal manera, que el mío cae al suelo, Cuando lo recojo, el bocadillo está bordado de colillas, chapas y arena y detrás veo unos ojos redondos, aún infantiles, y perplejos como diciendo "¿Y ahora que hago?". Yo me empiezo a reir. El bocadillo es sólo una cosa que me podré encontrar cualquier otro día, pero esos ojos me hacen una gracia inconmensurable...
En esos ojos, mientras me río, entiendo "¿Y ésta, que se acaba de quedar sin cenar, de qué se ríe tanto?
Y entonces le dí un sorbo a una botella de agua.

Y EL SOL..

Me escapé de mi grupo familiar en la playa y anduve algunos kilómetros por la orilla hasta que sólo hubo dunas y mar. Entonces me senté y ví caer el sol. A veces pasaba alguien corriendo, a veces un perro no quería seguir a su amo y se sentaba a mi lado.
El sol se volvió naranja y el mar más añil mientras lo recogía. Sabía que, hacia la izquierda, más allá en la orilla ,me esperaba una casa abierta con gente que me quería, pero que allí tambien podría salir adelante. Que yo ante el sol era todo lo que se requería..
Y entonces, debo confesar, que es cierto que le dí una calada a un Chesterfield.



Escrito por La caminante a las 1:08 AM | Comentarios (0)